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Siete errores frecuentes al tomar el sol

La sola idea de las vacaciones de verano nos llena de emoción. Es el tiempo más divertido del año pero también el más nocivo para la piel, sino sabemos protegerla adecuadamente. Recordamos algunos errores frecuentes al tomar el sol con la firme intención de no cometerlos de nuevo.

Desde niña, amaba la playa. Por eso me rebelaba cada vez que mi madre nos ordenaba salir del agua a las 10 de la mañana, justo cuando más nos divertíamos, advirtiéndonos que era muy peligroso estar expuestos a esa hora y nos podíamos “quemar”.

Al pasar el tiempo, y luego de entender los fundamentos detrás de esa orden, la costumbre se volvió un hábito que me llevó a repetir las mismas advertencias a mis hijos. En efecto, el sol es tan radiante como peligroso.

Eso no quiere decir que cumpla a pie juntillas todos los mandamientos de protección solar. Consciente o inconscientemente todos cometemos errores que pueden terminar en quemaduras, manchas o golpes de calor, sin mencionar los riesgos de cáncer de piel, que según los expertos, son provocados por la exposición excesiva a los rayos ultravioleta del sol, las camas bronceadoras o lámparas solares.

Mientras vas camino a tu destino de vacaciones, tómate unos minutos para repasar la lista y hagamos el compromiso de no cometer de nuevo estos errores.

1. No comprender el significado del FPS. Entender cómo funciona el Factor de Protección Solar es básico para exponernos sin riesgo. El FPS nos indica sobre el número de veces que el fotoprotector aumenta la defensa de la piel frente a las quemaduras que produce la radiación UVB: 5-10: baja protección; 15-20-25: protección media; 30-50: alta protección, y 50+: muy alta protección. Si ya tienes un tono bronceado puedes comenzar con un producto de protección media, siempre y cuando la exposición solar sea moderada. Por el contrario, si tienes la piel muy clara, te quemas fácilmente y pretendes una exposición prolongada, elige una protección solar 30 o 50.

2. No leer (ni entender) la etiqueta. Seamos sinceros, al comprar un protector solar lo único en lo que nos fijamos es en la marca y el FPS, eso es todo. Para cuidarnos efectivamente es importante conocer las propiedades del producto que nos aplicamos y comprender el significado de ciertos términos, siglas o símbolos que aparecen en el frasco.

UVA: Significa que el producto cumple con las condiciones de protección frente a la radiación Ultra Violeta A, responsable del bronceado y el foto-envejecimiento porque destruye las fibras de colágeno y elastina.

UVB: Indica que el producto protege contra la incidencia de la radiación Ultra Violeta B, que provoca las quemaduras solares y causa el 90% de los cánceres de piel.

IR: Indica la protección frente a IR (radiaciones infrarrojo-A), causante del envejecimiento prematuro de la piel.

Water resistant o waterproof: Si el producto no pierde su capacidad protectora después de 40 minutos de inmersión en el agua, la etiqueta del frasco incluirá la frase «water resistant» o «resistente al agua». Y sino pierde esa capacidad hasta después de 80 minutos, la indicación será «waterproof» o «muy resistente».

Fecha de caducidad. El icono de un frasco con una cifra, normalmente expresado en meses, indica la fecha de caducidad del producto una vez que abres el envase.

3. No aplicar con suficiente tiempo de antelación. Cuantas veces nosotros o la gente a nuestro alrededor se aplica el protector solar justo al momento de lanzarse a la piscina o tumbarse sobre la arena. Es una escena común. Olvidamos que para una correcta protección, el producto debe aplicarse al menos media hora antes de exponerte al sol, tiempo necesario para activar los ingredientes y puedan bloquear los rayos en lugar de absorberlos.

4. No usar la cantidad adecuada. No sé exactamente la razón pero la mayoría de las personas no se aplica suficiente cantidad de protector. Solemos hacerlo con extrema moderación, casi con tacañería, olvidando que es nuestro escudo protector. Según indican los expertos, cada vez que lo usamos deberíamos aplicar al menos una onza (el tamaño de un vaso de shot o de una pelota de golf) en todo el cuerpo. Esa misma cantidad debes reaplicar cada dos horas durante tus vacaciones o exposición directa al sol.

5. Olvidar áreas importantes. Al aplicar el protector solemos enfocarnos en las partes visibles del rostro, brazos y piernas pero obviamos otras áreas delicadas e importantes. Acostúmbrate a proteger pequeñas zonas como las orejas (y detrás de ellas); el pecho, la parte trasera del cuello, piernas y pantorrillas; pies; manos y labios (busca siempre un bálsamo labial con spf mínimo de 15).

6. Usar el bloqueador de las vacaciones pasadas. Los frascos de protector solar incluyen en su etiqueta la fecha de vencimiento del producto a partir del momento que lo abres. Un dato que muy pocos toman en cuenta y que los puede llevar a incluir en el equipaje de verano el mismo bloqueador que compraron ya hace más de dos temporadas. ¡Enorme error! Hay que considerar al pie de la letra el tiempo de caducidad, por lo que te recomiendo que uses un marcador indeleble para escribir en el frasco la fecha que lo abriste por primera vez y guiarte a partir de ahí. Además, es importante el buen manejo del producto, evitando su exposición directa al sol, guárdalo siempre en tu bolso y sácalo cada dos horas para la reaplicación obligatoria.

7. Creer que el bloqueador es suficiente. Aunque nos brindan una protección importante no podemos creer que el bloqueador es suficiente protección, especialmente en el verano cuando permanecemos de manera prolongada en la playa o exteriores. Complementa tus cuidados solares con el uso de sombreros y ropa fabricada con protección UV y gafas. Y porfavor, no te expongas directamente al sol entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde, cuando la intensidad de los rayos UV es mayor (y más dañina).

Fotos cortesía Getty Images

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